La vocación innata del niño es desarrollarse en la mejor versión de sí mismo.

Toda su exploración del mundo, sus juegos, sus momentos de alegría y placer, sus estrategias de protección... todo lo que le mueve sale de su impulso evolutivo. Tendencia actualizante, impulso unitario, voluntad de vivir, voluntad de poder, wu wei, tzu jan, kundalini. Todos éstos son conceptos filosóficos profundos que llevan más o menos a lo mismo. Que la felicidad no está en las cosas que tengo o en las experiencias que acumulo.

Las cosas materiales y las experiencias de vida traen felicidad
siempre y cuando estoy en línea con mi ser esencial.

 

Éste que se ha perdido en la caída del paraíso, en una infancia aplastada por un mundo ignorante e inconsciente. Ser feliz es estar sano, es algo que sucede naturalmente cuando logro reencontrarme conmigo mismo. Poco a poco, descubro a mi ser, un adulto maduro y completo. Un ser humano espectacular que creció en las sombras del inconsciente y que, mismo en los momentos más oscuros, siempre me estuvo guiando internamente.

¿Cómo encontrar el bienestar de mi ser auténtico
tras tantas capas de heridas, traumas,
condicionamientos, miedos, creencias limitantes?

¿Cómo apaciguar la ansiedad y encontrar calma en el estrés de la supervivencia? ¿Cómo libertarme de las ataduras de un histórico familiar tóxico? ¿Cómo relacionarme en armonía con mi(s) pareja(s) si el amor que he conocido estuvo siempre tan distorsionado? ¿Cómo llegar a la plenitud en la sexualidad con tantos miedos y bloqueos? ¿Cómo mantener la cordura bajo tsunamis de emoción? ¿Cómo saber lo que necesito si me cuesta tanto saber lo que siento en profundidad? ¿Cómo ser yo mismo en un mundo que gratifica las apariencias? ¿Cómo ser feliz de verdad sin autoengañarme? ¿Como sano mi presente si mis raíces se ahondan en un pasado de sufrimiento? ¿Cómo sanar en un mundo tan enfermo?

 

Para el Buddha, sanar es iluminarse. El sufrimiento es inherente a la vida. La vejez, la enfermedad y la decrepitud son inevitables. Pero se puede decir que todos los sistemas de sabiduría, del occidente y del oriente, del pasado y del presente, apuntan hacia lo mismo.

Hacerme conciente me libera, me sana.
Adoptar el darse cuenta constate como camino de vida
me ilumina tanto cuanto me sea posible.
Y eso basta para la salud, el bienestar y la felicidad.

 

Pero no es algo que se pueda hacer en soledad. Lo humano nace en las relaciones. Incluso los grandes avatares de la humanidad empezaron como aprendices. El trabajo terapéutico integrativo recoloca la mente, el cuerpo y el alma en una misma unidad funcional. No se puede integrar trabajando cada parte aislada. Hay que trabajar la trinidad. Y entonces, mis partes conflictivas dejan de luchar la una contra la otra. Poco a poco, mis capacidades innatas y el potencial natural de mi ser se despliegan.

 

Finalmente, estoy bien y soy feliz.

 

Sé lo que quiero hacer, soy consecuente con mis deseos, me centro, descanso y actúo; Agarro y suelto, contraigo y expando, construyo. Vivo con la misma belleza con la que pulsa el universo.

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El Enfoque Integrativo

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